Reciba los artículos por correo electrónico

Reciba periódicamente breves ideas sobre Recursos Humanos.

Introduzca su correo:

Las claves del éxito

jueves, 26 de febrero de 2009 · 0 comentarios

Hace unos días el Baskonia se proclamó en Madrid campeón de la Copa del Rey de baloncesto. Desde entonces, hemos podido leer en muchos medios de comunicación nacionales, artículos en los que se cuenta la historia de este club, el más laureado de España en ésta década y uno de los más importantes a nivel europeo.

El Baskonia nació, como yo, en 1.959. Este año es, pues, nuestro 50 aniversario. Como muchos vitorianos, he sido un seguidor incondicional de este equipo. Me acuerdo de cuando tenía 15 años, en el viejo pabellón de Mendizorroza... Entonces era imposible pensar que algún día estaríamos al nivel del Real Madrid, Barcelona, Juventud o Estudiantes. Ganar a cualquiera de estos equipos era una empresa casi imposible y, si se conseguía, justificaba toda la temporada.

¿Cómo ha conseguido un club de una ciudad de 230.000 habitantes codearse y superar a los de ciudades como Madrid, Barcelona, Moscú, Tel Aviv, Roma, Atenas...? ¿Qué hay detrás de este éxito?

-Liderazgo. Un dirigente, Josean Querejeta. Buen jugador, excelente gestor. Sus cualidades, visualizar en el futuro un equipo de élite e implantar año a año, paso a paso, las medidas necesarias para llegar a la meta. Imaginación, creatividad, gran capacidad de negociación y relación, ilusión, fe en el proyecto... y trabajo, tenacidad, constancia, coherencia (“el éxito comienza con la voluntad”).

-Colaboradores. Un equipo a su alrededor de personas motivadas, implicadas, grandes conocedores de su mercado potencial, con gran confianza en el proyecto (“muchas carreras se han perdido antes de haberlas corrido”)

-Trabajadores. Unos jugadores bien remunerados, aunque muy lejos de los emolumentos que podrían conseguir en otros equipos (empresas) de grandes ciudades europeas o americanas. ¿Por qué muchos de ellos han preferido quedarse renunciando a contratos muy superiores? ¿Qué les ofrece este club (empresa)?

-Entorno. Mercado. Una ciudad volcada, a la que, aunque es cierto que hablamos de un sentimiento muy arraigado, se le ha sabido “vender” el proyecto y obtener, año a año, un aumento de socios-clientes, tanto a nivel particular como empresarial. Transición de nivel local a nivel de comunidad.

-Alianzas. Un patrocinador, TAU Cerámica, que apostó decididamente por una colaboración de la que ambas partes han obtenido una gran rentabilidad.

Y pienso en el paralelismo con mi pequeña empresa. El éxito soy yo, mis pensamientos (“piensa en grande y tus hechos crecerán”). El éxito son mis colaboradores, el éxito son mis trabajadores, mis alianzas... somos nosotros, las personas. ¿Puede mi empresa codearse con otras mayores, con más medios, más público objetivo? Claro. (“La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, o más ligero, porque tarde o temprano, el hombre que gana, es aquel que cree poder hacerlo”). Que se lo pregunten al Baskonia.

Escrito por: Chechu Cortázar (Montaner & Asociados, Vitoria)

Desde la zona de confort

lunes, 23 de febrero de 2009 · 1 comentarios

Acabo de llegar a casa, después de un día de trabajo que ha sido bastante duro, la verdad.
¡Qué suerte tienes de trabajar en algo que te gusta! me dicen mis amigos.

Y es cierto. Me genera seguridad realizar una actividad que con el tiempo creo haber dominado, y enfrentarme a los pequeños retos cotidianos de innovar, planificar, perfeccionar. Esos pequeños retos son los que hacen que además, mi trabajo tenga un agradable punto de aventura.
Zona de confort, creo haber leído que se llama esa situación.
Y, ¿a qué viene esta reflexión vespertina?
Pues a que si hoy hubiera podido desaparecer chasqueando los dedos, lo hubiera hecho. Así, sin más, y sin dudarlo.
He presentado un proyecto a un cliente. Hasta ahí todo dentro de la más absoluta normalidad cotidiana. Sabía quien sería mi interlocutor, el cargo y lo que quería profundizar.
Me recibe Carlos, mi contacto, una charla informal. Me invita a pasar a la sala donde tendrá lugar el encuentro. Me avisa que va a buscar a Jaime, que es quien quiere conocer más a fondo el proyecto. Espero.
Al cabo de unos minutos aparece un señor, vestido informal, que me entrega su tarjeta de visita Director Comercial. Nos presentamos, la mejor de mis sonrisas, (no es la persona que estaba yo esperando, aunque no importa, probablemente quiera también conocer más a fondo el proyecto) No hemos terminado de romper el hielo, que se incorpora otro señor, que también me entrega su tarjeta de visita Director Comercial. (Tampoco es por quien yo estoy allí). Otra charla informal, y antes de terminar aparecen dos mujeres más, a las que acompaña Carlos, que también es Director comercial. Casi sin darme cuenta me encuentro en una sala, con cinco personas, cada una con sus cargos, de las cuales sólo conozco a una, y del resto no estaban, ni anunciada su presencia.
Empiezo a preguntarme “¿qué estoy haciendo aquí?” No he terminado de hacerme la pregunta y entra en la sala, Jaime. Su presentación es breve, y se sienta en la esquina más alejada de la mesa de reuniones. Una vez sentado dice “Ya puedes empezar”.
Empezar...a ¿qué?, ¿a rezar?, ¿a buscar la manera de desaparecer sin hacer mucho ruido?
Lo que sigue de la reunión, no tiene importancia, boca seca, palabras que no salen, y una sola consigna de Jaime. “Estamos aquí porque estamos valorando las propuestas de distintos proveedores, y es el momento para que nos vendáis la vuestra”.
Las palpitaciones se hacen cada vez más aceleradas, mis ojos hacen barridos por toda la sala (eso sí que lo aprendí) me dirijo a todos y cada uno de los presentes (¡bien Javier!), acabo mi exposición lo más brevemente posible y lanzo una pregunta (¡Perfecto, así el interlocutor se implica y puedes identificar el interés y posibles objeciones!) Respondo ampliamente a cada una de ellas (tantos argumentos como motivos de compra ¡Excelente!)
La reunión dura menos de 30 minutos que me parecen una eternidad. Al final, Jaime concluye, “bien, ya hemos escuchado vuestra propuesta, y ahora nos tomaremos unos días para decidir con qué proveedor trabajamos, gracias por venir.”
Y se vacía la sala, no sin antes saludarnos lo más anodinamente posible.
Carlos me dice, “les interesa mucho”, y yo pienso “desde que empecé en este negocio, no me sentía tan mal, ha sido un pequeño desastre”
Camino del aparcamiento, me siento deshinchado, agotado, y convencido de haber hecho una de mis peores exposiciones.
Y ahora, ya en casa, sólo con ganas de descansar y olvidar, me asaltan mis reflexiones:
Estar en tu zona de confort, no significa que lo hayas conseguido todo: te queda mucho por aprender.
Hacer lo que te gusta es un aliciente, hacerlo bien requiere entrenamiento continuo.
La normalidad cotidiana, sin proponernos mejoras a diario, se convierte en mediocridad cotidiana.
Bien, ahora ya sé por qué no venía todo eso que necesitaba, en ningún libro. No lo aprenderé en los libros, son experiencias de vida, que requieren compartir con otras personas, practicar y un entrenador que me incite y fuerce a salirme de la zona de confort en la que estamos instalados.
También sé por qué me gusta mi trabajo, porque consiste precisamente en eso. Empujar a los demás a vencer los límites de sus zonas de confort, para superar la mediocridad y sentirse realizados.
Ha sido un día duro, pero realmente muy edificante.

Escrito por: Xavier Hernández (Montaner & Asociados, Barcelona)

Es el momento

lunes, 16 de febrero de 2009 · 3 comentarios

Quizás sí que es el momento de levantarse, arreglarse más que nunca, trabajar mejor que nunca, desempolvar proyectos guardados por falta de tiempo y poner en marcha toda nuestra energía positiva.

Nosotros solos no vamos a solucionar los problemas mundiales pero podemos unir esfuerzos, podemos apoyar a la familia, a los amigos, a los compañeros y buscar sinergias donde las haya. Y las hay, seguro, en muchos sitios.

No nos empeñemos en ser individualistas, compartamos nuestro conocimiento y ampliemos nuestras relaciones, hablemos con todo el que quiera escuchar y compartir para encontrar otras fuentes de alimentación que no partan de nosotros mismos, los demás también saben y conocen, los demás también tienen ideas que a nosotros tal vez no se nos hayan ocurrido.

Dejemos de tener miedo porque de todas formas no evitaremos los peligros, están ahí fuera acechando pero al igual que los ladrones en la calle, esperan que estemos despistados para poder darnos alcance, la única forma de evitarlo es caminando seguros y haciendo frente a lo que venga.

Probablemente éste sea uno de los momentos más apropiados para empezar a pensar en nuevas ideas, en nuevas formas de hacer y de funcionar, y crearnos otro entorno en el que podamos avanzar.

Siempre que abandonamos el camino conocido tenemos temor a lo desconocido, y es natural pero si no hay cambio, si seguimos haciendo lo mismo que hacíamos, seguro que tendremos el mismo resultado, y ya va siendo hora de generar nuevas formas de hacer que colaboren a empujar al mundo en una dirección tal vez más equilibrada.

Nuestro futuro está en nuestras manos, no en las del gobierno, ni el nuestro ni el de otro país, no nos van a solucionar la vida, o sea que adelante. Nuestro destino es el resultado de nuestras actitudes y pensamientos.

Dediquemos tiempo a valorarnos a nosotros mismos, dediquemos tiempo a formarnos en aquellos temas que no dominamos, dediquemos tiempo a ponernos al día porque nos quitaremos telarañas y nos prepararemos para ser más polivalentes y productivos.

Escrito por: Pilar Soldevila (Montaner & Asociados, Barcelona)

Más información en

Reciba los artículos por correo electrónico

Introduzca su correo: