Buceando por la red, y por la R.A.E. encuentro que la palabra ACUERDO, proviene de ACORDAR, y ésta a su vez del latín accordare (cor, cordis, corazón).
Sin ser un erudito en la materia, me basta este descubrimiento para reflexionar sobre lo que vamos haciendo día a día. Llegar a acuerdos vendría a ser como poner los sentimientos en sintonía, en una misma dirección hacia un fin. Y ahí me asaltan algunas dudas ¿realmente cuando queremos llegar a un acuerdo tenemos esta disposición del corazón? ¿O sólo nos induce llegar a un acuerdo la necesidad de obtener una mejor situación que sin él? Es decir, una visión puramente egoísta y defensiva en muchos casos ante la imposibilidad de seguir el camino que nos habíamos trazado.Este pensamiento me viene a la cabeza cada vez que oigo en los programas de televisión, o leo en la prensa, las dificultades para llegar a acuerdos que tienen empresarios y sindicatos, partidos políticos, política y ciudadanía, países vecinos, (por no hablar de los micromundos familiares, sociales o vecinales) ¿Por qué existen estas dificultades? ¿Es falta de entendimiento o falta de interés en sintonizar los sentimientos?
Creo que sin lo segundo (un interés sincero en la otra parte) es imposible que el entendimiento pueda dar sus frutos. Sin embargo, con los sentimientos bien alineados, en la misma dirección, con más o menos creatividad, con más o menos tiempo, e incluso con más o menos brillo, se pueden resolver cualquier tipo de diferencias.
Todo parte de la misma persona, de la actitud hacia lo distinto, hacia aquello que “se interpone” en nuestro camino. Conocerse, la aceptación de los demás como parte del mundo en el que vivimos, y la apertura de mente (y de corazón) para ponernos en el lugar del otro, y de la necesidad imperiosa de construir un escenario mejor para todos, y no de destruir lo poco que tenemos cada uno para así debilitarnos.
Éstos son los fundamentos para que los acuerdos no pierdan su esencia original: poner los corazones en la misma sintonía, preservar los sentimientos y sabernos mucho mejores por construir algo que antes no existía.
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Escrito por: Xavier Hernàndez (Montaner & Asociados, Barcelona)
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