Mucho se ha escrito
sobre la necesidad de actuar, de ponerse en marcha, de hacer. Desde los planes
estratégicos que quedan en papel mojado si no les acompaña un plan de acción
claro y detallado de objetivos e hitos, hasta cómo implementar un cambio en una
organización, siguiendo los 8 pasos sugeridos por John P. Kotter.
También es muy conocida la frase “a la parálisis por el
análisis” que refleja la dificultad de poner en marcha las decisiones, de los
frenos que nos ponemos, aún sabiendo que queremos hacer algo para cambiar una
situación que no es la que deseamos.
La cuestión que nos planteamos es: Si la situación en la que estamos no nos
satisface y queremos cambiarla, ¿por qué
nos cuesta tanto pasar a la acción?
Podemos encontrar muchas respuestas. De hecho la razón, la
lógica del pensamiento, son expertas justificando (incluso a la inacción).
Por otro lado, nuestra parte más emocional, nuestros
sentimientos más íntimos son los que se someten a este dictado de la razón, y
finalmente los que sufren el resultado de no haber podido ser los que
dirigieran nuestros actos. Nuestro corazón nos dice “hazlo” y la razón nos dice
“aún no”.
Otro de los argumentos, y para mí el más relevante, es el
temor al fracaso. Tomar una decisión, ponerla en práctica y darnos cuenta que
no nos aporta lo que esperábamos, nos infunde un temor irracional, que nuestra
inseguridad en nosotros mismos nos impide gestionar.
Si analizamos detenidamente la biografía de personajes que
consideramos que han tenido éxito (Leonardo da Vinci, Spielberg, Steve Jobs,
Edison, …), nos daremos cuenta que su trayectoria está plagada de fracasos. Más o menos estrepitosos, pero llena de
fracasos. Fracasos de los que han aprendido, y a través de este aprendizaje,
han llegado a cotas mucho más altas de éxito.
Uno de los factores que nos
pueden ayudar a pasar a la acción es conocernos, ¿cuáles son nuestros motores
que nos ayudan a pasar a la acción? En
Los 12 secretos de Leonardo Da Vinci, encontrarás un test que tal vez te ayude a descubrirlos.
Tomar una decisión, y ponerla
en marcha, debería ser consustancial al ser humano. No debe importar el
resultado. Hay que aprender del resultado para seguir avanzando. Cualquiera que
esté en una empresa u organización, DEBE tomar decisiones y ponerlas en marcha.
Y la cultura de estas empresas y organizaciones debe impulsar tomar decisiones
y por lo tanto a EQUIVOCARSE.
“Usted está aquí para tomar decisiones que cree que son las correctas.
Usted puede equivocarse. Sólo así
crearemos la empresa que queremos ser.”